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EL PEDRO SOMBRERO

  • Foto del escritor: John Chávez
    John Chávez
  • 19 jun 2021
  • 4 min de lectura



ARTÍCULO POR EL MG. JUAN OTINIANO LEÓN - CATEDRÁTICO Y ABOGADO

No es fácil ser imparcial con nuestras ideas después de toparnos con el artículo de El País del 05 de junio, después de leer esas líneas que narran la empinada epopeya del virtual Presidente del bicentenario, después de reconocer ese dibujo de vida que rememora vivencias en los tantos peruanos que tenemos el grato recuerdo de haber vivido en un caserío, igual de olvidado que San Luis de Puña.

En “Pedro Castillo, el candidato descalzo” se hace una alusión a diferentes variables que hoy parecen, ya anticipaban con seguridad la victoria del niño que caminaba escribiendo en el aire.

En ese texto se menciona la cualidad extraordinaria del niño Pedrito para el estudio, tan exótico para el común que ya su madre pensaba que su destino sería distinto al de su familia. De inmediato a ese presentimiento materno, aparece el adversativo realista del padre, al redundar la situación de pobreza que a la gran mayoría de chicos y chicas de la sierra los derrota al punto de que sus esfuerzos, iguales o superiores a Pedro Castillo, son en vano y quedan en el anonimato, en el olvido.

También se describe la procedencia humilde del todavía candidato, e implícitamente se decanta por esa realidad de carencias que parece darle un bautizo que lo inmuniza ante las ventajas de los competidores con orígenes opuestos, algo así como sucedía en las telenovelas mexicanas, que de por sí, todos empatizábamos con el muchacho pobre que queríamos que la confundida protagonista lo elija a él y no al presuntuoso del antagonista.

Se acompañan los párrafos con imágenes que dan color y forma a la vida de los comuneros. No faltan para esa cosmovisión andina los ornamentos teológicos, a quienes se agradecen y encargan pedidos. En otro momento, la estela de Velasco Alvarado traída al artículo por la otra imagen que tiene el candidato, su padre, aparece como causa, no solo de sus ideas reivindicativas, sino de todo lo que hizo en sus cincuenta y un años de vida.

Con ese póster familiar, lo político gana su espacio. Los yerros y las infelices disyuntivas de esta segunda vuelta se asimilan condicionados a otras referencias de su fragoroso andar por la amazonía y la costa, incluidos sus logros como su formación docente en un instituto y su consolidación como persona adulta al lado de su consorte, todo dentro de su pueblo.

Se tararea la canción fervorosa que le cantan sus vecinos, solo comparada a la que tuvo otro fenómeno de la política peruana como lo fue el tristemente recordado Alejandro Toledo con su Cabana y diremos, con casi toda la serranía. Y es con el partido de la chacana que empezó a despabilarse en la política desde el lejano 2002, incluida una incursión fracasada a una alcaldía menor. Se puntualiza bien que la semejanza entre ambos tiene un intervalo en el que no coinciden: la postulación presidencial se les dio a uno siendo un cholo urbanita y al otro, un profesor que va a todas partes con sombrero.

Se menciona su aparición coyuntural como líder dirigencial en la justa huelga del 2017 en medio de codazos sindicales y negociaciones maquiavélicas que le granjeó una popularidad que si bien se apagó al reinicio de clases, parece que a otros que estuvieron observando el marcado logro salarial de los profesores, sí tomaron nota de su nombre para lo que se vino.

Más allá del posterior recuerdo de la oración que antecedió al anuncio a los primeros peruanos que supieron que él iba ser el presidente, el artículo termina con una proyección idílica de lo que se creía iba ser su día, ese 07 de junio, que ahora vemos fue equivocada. Ni Castillo amaneció ese lunes en su casa para ocuparse de sus animales ni fue claro el resultado de las elecciones para saber si ganó.

Es difícil ser objetivo con nuestras apreciaciones ante un suceso que muchos lo ven casi mesiánico. Una feliz coincidencia para que nuestro país sea dirigido por un auténtico representante del Perú profundo en el aniversario 200 de su independencia, escenario que hace unos meses ni Pedro Castillo lo hubiese soñado, pero que por más meliflua sentencia, no deja de ser un fenómeno más de este país que tiene muchos escenarios y hombres podridos.

Ni el subliminal lápiz ha podido garabatear sobre nuestros malos presentimientos (queremos equivocarnos) de esos personajes, nuevos en la palestra política, pero tan parecidos a los perfiles de clásicos corruptos que ahora todos celebramos sus derrotas. Por eso es cierto lo que dicen, que Castillo es el temor de los que siempre han estado en el poder, y no necesariamente por sus ideas extremistas, no. A ellos les debe afectar poco por el pasaporte y por las inversiones en otras partes. La razón es que con él, llega otra gente a mudar la casa, tal vez por mucho tiempo con título precario, y con quienes no tienen relaciones ni quieren hablarse.

Nunca será razón suficiente alegar ascendencias e historias de vida para obtener la gracia de los crédulos que caminan en medio de la tribu, mucho menos de los que miran desde los costados impertérritos, no porque no quieran creer, sino porque del país creen que tácitamente deben asumir el encargo de ser observadores y contrapeso a todo tipo de desborde que amenace la tranquilidad de todos.

Debemos comprender que ahora que ha acabado la campaña electoral es tiempo de la cordura en todos. Basta ya de endiosamientos y de apedreamientos. A trabajar en lo que tengamos mañana qué hacer, pero con la sensatez para reconocer que un buen gobierno de Pedro Castillo, lejos de lo que se acusaba y negaba, depende de una ecuación nacional que versa así: el mundo Castillo + oposición responsable de varios frentes.

Por último, volvemos a mirar la foto de Morgana Vargas Llosa en la que se ve al ahora virtual Presidente enfundado en un poncho bayo y un tercio de hierba, probablemente para sus cuyes, y aun así creemos que nuestro activismo político no puede ser solo electoral y en contra de, también debe ser crítico, propositivo y sostenible sobre la base de principios y no de personas.




 
 
 

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